Un ejemplo del arte de Félix Lope de Vega Carpio

Redacción Barcelona /JPToda una celestina: El Caballero de Olmedo[1].

Homenaje a la gala de Medina y a la flor de Olmedo por sus 400 años de Arte de hacer comedias

Se podría decir de La Celestina lo importante que fue ésta para Lope de Vega. Rojas tomó los mundos que él veía como si fuese un siervo del rey de Don Juan Manuel para, posteriormente, con su obra, desnudarlos en su más íntima realidad. Lope toma la idea para, a partir del fondo de esa misma propuesta, unificar todos los mundos varios que sobre una mínima ficción:

“Que de noche le mataron
al caballero,
la gala de Medina,
la flor de Olmedo.”[2].

…ficción que mantiene la lengua viva de la tragedia que canta esta copla popular. Estos versos mantienen viva y evocan un hecho difuso en la leyenda, carente de un referente extralingüístico asociado a una entidad que se pudiese percibir, como dirían los semánticos teóricos[3]. Los referentes etéreso existían en determinada zona geográfica de las tierras de Castilla. Como agradecido de la idea creativa de Rojas que es, Lope, los unifica con la forma de La Celestina[4]..

Lope sitúa la obra en un ambiente histórico con mayor o menor acierto, algún que otro anacronismo y abundante crítica futura sobre las intenciones realistas que tuviera Lope. Muchas de estas críticas revelan como si ciegos fueran los lectores que Lope hace escasas referencias al hecho registrado. Lo memorable es que Lope está creando realidad. Si quisiese repetirla, analizarla, etc., entonces, hubiese sido historiador. Es dramaturgo, entre otros tantos talentos, y lo que hace es crear.

Se hace referencia en el libro de Joseph Pérez[5]. a que sobre esta copla, Lope, ya hizo tres alusiones con anterioridad. Para todo autor, director o actor que se precie (y pocos son) sabe que para crear el ritmo, las expectativas y la distancia estética con el resultado esperado es necesaria la regla de la triple alusión. A partir de este punto, que, incluso, podría analizarse desde un punto de vista de psicología evolutiva, lo que Lope ha conseguido es establecer la base suficiente como para que su próxima obra, la del Caballero de Olmedo, se vuelva incluso necesaria para su público.

Lo que consigue Lope con referirse a la copla con anterioridad a esta obra es un campo abonado para que sus espectadores también necesiten ver la obra para saber a qué hace referencia la copla. Además de la necesidad previa a la obra, esta misma necesidad se prolonga a lo largo de los actos de la pieza:

Durante las tres jornadas del drama, don Alonso no hace sino encaminarse hacia la muerte, rodeado de la simpatía con que el público sigue sus pasos, admirable muestra de suspensión del interés, conforme a las normas del Arte nuevo[6].

En este caso, Joseph Pérez resalta este aspecto que se consigue en la obra. Este también es el aspecto que Erich Auerbach, en Mimesis, también va a poner de manifiesto, pero relacionándolo como característica global del Barroco español, la imagen de realismo que se consigue en tales ficciones. Tan solo ha escogido una copla, ha ambientado la obra en un contexto que poco importa y ha perfeccionado el arte de hacer comedias para que el teatro sea casi un reflejo no ya de la realidad sino de lo que “el vulgo” quiere que sea. Este adelanto a lo que la realidad teatral concierne va a distanciarlo, en el grado de creación, de Cervantes.

Rojas se sirvió de toda una tradición, del amor cortés, de las comedias goliardas, de las comedias romanas, de las comedias humanísticas, de ambientaciones verosímiles… y creó. Lope recoge una copla, un ambiente, una tradición de hacer teatro y una creación que va a arrasar con cualquiera que se dedique simplemente a repetir.

Lope utiliza la forma de La Celestina y va a enamorar a Alonso desde el mismo inicio, sin rodeos y situará al público en lo previo a lo que ya saben como desenlace: su muerte. No es un Edipo, en forma; es un Edipo, en fondo. Crea la expectativa:

ALONSO

[…]

De los espíritus vivos

de unos ojos padeció<[7].

este amor que me encendió

con fuegos tan excesivos[8]..

Desde este instante la muerte del Caballero de Olmedo se hará deambular alrededor del concepto de ironía que se encuentra en La Celestina. Al final de su segunda pernocta, Calisto, tiene la posibilidad de salvarse de su infortunio. Pero esa noche se siente altruista, compañero de sus sirvientes, preocupado por los demás –más allá de él mismo como hasta ese instante nos había revelado- y en cuanto acude en su ayuda fenece[9].:

CALISTO: Señora, Sosia es aquel que da bozes; déxeme yr a valerle, no le maten; que no está sino un pajezico con él. Dame presto mi capa que está debaxo de ti.

MELIBEA: O triste de mi ventura, no vayas allá sin tus coraças; tórnate a armar.

[…]

CALISTO: Déxame, por Dios, señora, que puesta está el escala.

MELIBEA: O desdichada yo, y cómo vas tan rezio y con tanta priessa y desarmado entre quienes no conosces.

Finalmente, cae por la escalera. Don Alonso es como Calisto. Melibea intentó detenerlo, el propio carácter de Calisto hacía impensable que fuese en ayuda de alguien; pero era necesario que muriese como buen amador que era[10].. El Caballero también debe morir. Es condición sine qua non para completar la copla. Ya sabemos que muere, pero es tal la intensidad de estas obras y la realidad que desprenden que parece verosímil incluso esperar ¡otro final!

Cuando un chiste es conocido por la gran mayoría la originalidad se desvanece ante cualquier variante posible y la gracia, pues siempre nos puede volver a hacer reír, está en quien lo cuenta. Podría tratarse de un aforismo, pero no es más que una realidad.

Todas estas obras están constituidas por historias que la gente sabe, por argumentos esperables, por situaciones repetidas hasta el sinfín; pero no dejan de sorprendernos si se condimentan con el ingrediente de la creación. Todo lo demás es puro snobismo.

Podemos desmenuzar verso a verso la obra de Lope o relacionarla con los personajes de La Celestina, observar todas las concomitancias, ver el dominio de la contaminatio magistral de Lope, contemplarla, simplemente. En este apunte sólo se intentaba observar una obra de teatro que se crea con la forma de La Celestina, una obra que decrea el mundo cortés; una obra del Arte Nuevo de hacer comedias en este tiempo.

Redacción Barcelona /JPEl pueblo va a recitar la copla y tendrá dibujado en la mente, la haya visto o no, a Don Alonso, visualizarán el camino y la noche que lo acoge y la tragedia que originó la leyenda.

Pero hay más en El Caballero

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REDACCIÓN BARCELONA


[1] Lope de Vega, El Caballero de Olmedo, ed. de Joseph Pérez, Ed. Clásicos Castalia, 1993.
[2] Op. cit. pág. 8. “Pronto se borran las circunstancias del suceso; sólo queda el recuerdo del joven caballero muerto en el camino de Median del Campo a Olmedo y un acopla canta su destino trágico:” El suceso de 1521 se había registrado. Hay varias referencias al hecho. Cuando llega a Lope apenas importa lo que sucediera exactamente. Lope nos lo dirá.
[3] Yael Ravin and Claudia Leacock, “Polysemy: An Overview” en Polysemy, 2000, pág. 7.
[4] Mucho se discute si El Caballero es o no una copia o sólo un aroma celestinesco.
[5] Lope de Vega, op. cit. pág. 11.
[6] Lope de Vega, op. cit. pág. 18.
[7] Dante Alighieri, en Vita nuova, ed. bilingüe de Raffaele Pinto, Ed. Cátedra, Madrid, 2003, pág. 310.
Mostrasi sí piacente a chi la mira,
que dà per li occhi una dolcezza al core,
che ´ntender nolla può chi nolla prova.            11
Como se puede apreciar, Lope hace uso del método tradicional de la edad media del enamoramiento a través de la mirada. Según Aristóteles, la mirada provocaba una vibración en el aire que hacía temblar al mirado y se indicaba así que algo interno, amor, del que ha mirado ha traspasado al interior del mirón. En el primer parlamento de Calisto también fuimos testimonio de semejante enamoramiento:
Calisto: […] Por cierto, los gloriosos santos que se deleytan en la visión divina no gozan más que yo agora en el acatamiento tuyo.
Encontramos este hecho incluso en la propia Biblia: “Cantar de los Cantares de Salomón”
“Robaste mi corazón, hermana mía, robaste mi corazón con una sola de tus miradas, con una sola perla de tu collar”
(Sagrada Biblia, dir. Padre Pedro Franquesa y J.M. Solé, Ed. Regina, Barcelona, 1965.)
[8]Lope, op. cit. pág. 34.
[9] Fernando de Rojas, La Celestina, ed. Dorothy, Catedra, Madrid,  pág. 326.
[10] Diego de San Pedro, Cárcel de Amor.
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