El mejor estudio sobre los pobladores españoles de América ratifica algunas consideraciones lingüísticas

El español de AméricaEl trabajo de Peter Boyd-Bowman[1] (ver) lo siguen muchos lingüistas y teóricos

Peter Boyd-Bowman es un autor que realiza España en 1800numerosos estudios sobre las procedencias y el nivel socio-cultural de los conquistadores y colonizadores de América. En estos estudios también se han basados las conclusiones presentadas por Ángel Rosenblat. Boyd-Bowman deja claro en su estudio que se trata de cifras objetivas.

Establece una delimitación de sus datos al primer período de la conquista que se mueve entre 1493 y 1539. Algunos datos destacables son reveladores del tipo de lengua que llevaban los colonizadores. La cantidad de labradores es de 33 de un total de 5481 entre 1493 y 1519; y de 12 de un total de 13262 entre 1520-1539.

Esta situación de escasez de mano de obra preparada provoca que se permita la entrada de 150 labradores portugueses en 1565. Esto puede hacer pensar que el castellano que se trasladó o que se implantó en América no era un castellano rústico y vulgar. La ocupación principal de los viajeros no era la agricultura, sino que lo prioritario era fundar ciudades. La primera ciudad fundada por españoles fue Santo Domingo en 1496.

Esto muestra que el primero de los contacto, al inicio, era urbano; este hecho aproxima estos estudios a las consideraciones de la sociolingüística, que se aproxima a la lengua en ámbitos urbanos. Otro dato llamativo es la cantidad de marineros, que es de 336 del total de los 5000 entre las mismas fechas iniciales y de 255 del total de los 13000, en el segundo período.

Esto también explica que en estos primeros momentos, el lenguaje marinero tuviese cierta repercusión en el castellano que se trasladó allí; no hay que olvidar que algunos de los marineros eran de la Corona de Aragón, en concreto catalanes o baleares, y por ese motivo se encuentran muchos catalanismos de campos semánticos marineros en América.

Los profesionales que poseían algún oficio fueron escasos, del orden de 300 de los primeros 5000. En los mercaderes se contaban hasta 111, y poseían formación superior, tenían bagaje como viajantes y algunos ya eran cortesanos. Estos vivían con la esperanza de conseguir un gran estatus social en el nuevo mundo, algo que, sin duda se intentaba reflejar en las formas de habla.

Los oficiales del rey, esto es, funcionarios del Reino, eran 250 de los 5000 y, en el segundo período fueron 1073 de los 13000. Esto hizo que destacase el gran número de funcionarios que se trasladaron en esta primera etapa de la colonización.

Hay frailes y clérigos que son cultos y que serán los que se encarguen de la educación en las nuevas tierras. Es en este momento en el que se establecen y fundan los virreinatos, centros neurálgicos que requieren personal para poner en marcha el sistema y la administración del Imperio.

Muchos de estos datos permiten ir pensando en que allí no se va a trabajar. Este dato queda aclarado cuando se puede presuponer que los indígenas serían los adecuados para trabajar. Si bien es cierto que en España hubo un descenso de la población en los siglos XVI y XVII a causa de la emigración a América, no lo es del todo que fuese ni la única ni la más importante vía de pérdida de población peninsular para achacarle la mayor incidencia.

Existieron tres guerras entre el Imperio de Carlos V y el reino franco; con Felipe II se encontraron estos en otra ocasión; ambos monarcas españoles tuvieron que pugnar contra y por Flandes y la cuestión religiosa. En una de estas guerras, en Muy, cerca de Fréjus, perdió la vida, la joven vida de 36 años, el poeta en lengua castellana, Garcilaso de la Vega; y si perdimos en estas batallas a una figura capital literaria, más vidas anónimas se pueden sencillamente considerar perdidas.

Tras esta consideración, se puede decir que los indígenas fueron tenidos en cuenta como mano de obra gratuita. Es otro argumento que se puede utilizar para esclarecer que las matanzas no se dirigían ni mucho menos como las inglesas a exterminar a la población autóctona, pues si se hubiese acabado con los indígenas, no habría mano de obra a la luz de los datos.

Pero si esto no fuese suficiente, de la mano, pluma y boca de la Reina de Castilla, Isabel I (1476-1594), salió la orden de “considerar a los indígenas de América como súbditos de la Corona”, en consecuencia, intocables para las intenciones de Cristóbal Colón.

La existencia de indígenas es otro factor de vital importancia para constatar el prestigio como factor de aceptación de una lengua distinta a la propia.

[1] Peter Boyd-Bowman, Índice geobiográfico de más de 56 mil pobladores de la América Hispánica. Vols. 1-2, 1493-1519 y 1520-1539 (Hay cuatro volúmenes), Fondo de Cultura Económica, Instituto de Investigaciones Históricas, UNAM, México, 1985.

REDACCIÓN LEÓN Hispanoamérica

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