La Ministra de Fomento recibe críticas por su habla andaluza

Las críticas de la Presidenta del PP en Cataluña, Montserrat Nebrera, no han gustado a ningún partido

La lengua sirve tanto para llevar a cabo la crítica como para desviar la atención de la ineficacia ante temporales inusuales

La Presidenta del PP en Cataluña ha criticado la forma de hablar, la lengua que utiliza la Ministra de Fomento del Gobierno de Zapatero. Magdalena Álvarez, Ministra de Fomento, también conocida en los círculos de segunda fila como Maleni, ha protagonizado numerosos episodios de conflictos de inoperancia de sus ministerios.

Ha tutelado la construcción del AVE hasta Barcelona, que, el año pasado, llevó a la desolación a muchos usuarios del transporte público en la Ciudad Condal y a muchos conductores de los aledaños del Prat, de Hospitalet del Llobregat, de la Plaza de Sants en Barcelona, etc. En aquella ocasión no dimitió; y tras conseguir la renovación en otro ministerio por parte de Zapatero, aparece, nuevamente, en otra polémica aérea tras la del accidente en agosto de 2008 de Spanair. Ahora le toca a Iberia y al temporal que afectó al tráfico rodado en Madrid y el tráfico aéreo en Barajas, que tuvo que cerrar.

Es comprensible que Madrid no es una ciudad pequeña, que no es una ciudad cálida en verano. Pero mucha gente cree que la actuación de Magdalena Álvarez no es apta ni adecuada. Nadie dimite ni nada sucede.

Ante esta polémica lingüística Esperanza Aguirre da el aviso de que si se critica mucho a esta mujer, puede que se acabe por reforzarla. A raíz de todos estos hechos, hay gente que no puede resistir más y estalla. La cuestión final que le queda al pobre que nada puede hacer porque no tiene ni peso ni mando para cesar a nadie de sus opositores es la del insulto. La Presidenta del PP de Cataluña ha dado voz y ha verbalizado el pensar de mucha gente que no puede decirlo o si lo dice no se oye en ningún lado. Montserrat Nebrera declaró que ‘la lengua’ de Maleni es ‘de chiste’. Criticaba que su hablar es incomprensible.

Desde el punto de vista idiomático, hablar andaluz o catalán no tiene ninguna connotación peyorativa, o no debería tenerla. Pero el aspecto interesante para este sitio es que ‘la lengua’ de esta señora es ‘de chiste’ porque es un hablar desconocido para 40 millones de españoles que oyen el seseo de una parte del andaluz como chistoso o en chistes. Como el ‘qui[ς]o’ de los chistes de gitanos, o el ‘ozú’ en los de leperos y por eso, nadie se rasga las vestiduras.

El conflicto idiomático tiene parte de su génesis, más allá de la desidia política, en la dignidad de las lenguas. La Sra. Montserrat Nebrera habla catalán en su entorno o en su partido o lo habla de veras o solo para ganar votos nacionalistas catalanes, etc. Pero cuando habla en las Cortes Generales, en El Senado, etc. como cualquier político gallego o vasco en Madrid, todos hablan en castellano. Lo que puede parecer un agravio comparativo es que Magdalena Álvarez pueda hablar en andaluz ante las cámaras, en las Cortes, etc. y hable de ese modo con ‘seseo’ que aparece en muchos chistes, o que habla tan cerrado y coloquial y no se la pueda criticar. O si se hace una crítica u observación, es incomprensible que toda Andalucía tenga que caer sobre la opinión o Cataluña.

Los chistes se ríen de la ‘t’ final en ciuda[t] de los catalanohablantes, o los chistes se ríen del soniquete de los gallegos o de los maños. Y los diputados de Aragón o de Galicia deben hablar en castellano. Magdalena Álvarez, más allá del dialecto, es incomprensible en muchas de sus articulaciones vocales y se atropella al hablar por alguna posible inseguridad en una oculta tartamudez. Todas las personas que tienen problemas de dicción pueden recurrir a la consulta de un pedagogo para ayudarla a pronunciar y a no ser motivo de risa.

El andaluz no es castellano, es un dialecto; y tampoco es el andaluz base para el castellano estándar que todo español debe hablar ante un juez, por ejemplo. Si a un catalán o vasco o gallego le enseñan y está obligado, como los asturianos o aragoneses, a estudiar castellano y literatura castellana en la escuela, ¿por qué Magdalena Álvarez puede hablar como hace con la vecina del quinto o con su familia o con los miembros de su partido y no la obligan a hablar en castellano como en la Constitución Española se pide a toda España?

Desde el clásico conflicto de la tinerfeña que apareció hace años en ‘Corazón, corazón’, donde hablaba en canario, la desvirtuación de la lengua de la comunicación ha sido muy variopinta. Ahora ya no hay po[λ]o sino po[ς]o. Parece que todo en la televisión sea argentino, cubano o colombiano. Los reporteros blancos escasean y los hablantes de español son una utopía.

Lo que sucede es que esta realidad ridícula de Magdalena Álvarez, este recurso a tocar el tema de la lengua viva en boca de las personas, no puede ser apoyada si es un insulto o un juicio de valor degradante. Mostrar el agravio que se lleva a cabo con hablantes andaluces respecto a hablantes gallegos o vascos o valencianos ya es una buena base lingüístico-jurídica apta para argumentar.

La lengua es como un ser vivo que debe cuidarse. Todos hablamos a nuestra manera, pero el respeto a los demás tiene que tenerse en cuenta para esforzarse en hablar la lengua vehicular de la mejor manera y forma para adecuarse al estándar. Es más sencillo comunicarse y entenderse que intentar dialogar con alguien que habla otro idioma o que cree que es de una religión verdadera.

Montserrat Nebrera ha dado voz a todos aquellos que gritan a oscuras en la red y en páginas proscritas porque llevan tiempo diciendo cosas que ni gobierno ni oposición quieren oír y quieren que nadie las oiga. Otro extremo es el de la ultraderecha lingüística que apela y aboga por un castellano para todos y que domine todo. Los errores están en los dos lados y fallan en el respeto que se le debe a aquellos que hablan su lengua en su casa aunque a ti te dejen entrar en ella.

El castellano es la lengua que está viva entre todos los españoles e hispanoamericanos, pero es el castellano el idioma común, no el único ni el obligado para todos a todas horas. El derecho a la huelga no puede ser superior al derecho que tiene todo ciudadano a hablar la lengua que quiera en su casa.

Hay extranjeros que no hablan castellano y ni lo entienden y consiguen la nacionalidad. Los extremos (o polos opuestos) nunca se tocan. Y el justo medio no es de obligada solución. La lengua viva exige respeto y lo debe también.

REDACCIÓN

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