La presencia de la música es determinante en los bandos

La música tiene cabida en los bandos de Trasobares



Hasta el punto anterior, se ha estado hablando de cuestiones orográficas, pragmáticas, sociales, comunitarias, comerciales, etc. Pero también existe y no es justificable ni pertinente dejarlo como rasgo sin importancia porque el bando sea hablado, el hecho del caudal musical que acompaña a todos los bandos. El repertorio musical que se conserva en esta población para acompañar o para abrir los bandos es un repertorio tradicional. En concreto se tocan piezas, aunque sean grabadas, de jotas. Y no se recurre en absoluto a jotas que sean de picadillo o de picardías.

En esta línea de autenticidad y tradicionalismo, no se pinchan obras de grupos folklóricos que sean reversionadores o que vayan de ‘revival’, resucitadores subjetivistas. No se aceptan estos grupos ni otras manifestaciones musicales que incorporen nuevos visos de reinterpretación del sentido de las músicas tradicionales ni grupos que pretendan fusiones o cualquier otra cosas que no sea una jota, tal y como aquí se conservan y tal y como aquí se entienden, que para eso las ponen. Etnomusicológicamente, este encalve otorga una prioridad en la recuperación o mantenimiento de su repertorio musical para los pregones a una música, en concreto jotas, del más estricto corte purista por lo que a interpretación tradicional hace referencia.

Para llevar a cabo un breve análisis del estado de la cuestión de este tipo de música de los pregones o bandos es pertinente encuadrar este patrimonio en su lugar. El repertorio tradicional español se ha venido en clasificar o catalogar de diferentes maneras. Los repertorios tradicionales pueden responder a conjuntos de canciones o de sólo instrumentos o únicamente voces. En este caso es una pieza musical y una recitación más o menos entonada de la letra del bando.

Las clasificaciones se pueden llevar a cabo por la zona geográfica o por la función. El caso presente responde a la función, pues los pregoneros son un exponente en todas partes de la lengua viva y no se centra su seguimiento en ninguna zona en concreto, pues existen en toda España. La clasificación funcional responde a la utilidad que la música tiene en estas expresiones municipales.

La forma más común de ordenar los tipos son como se muestra en la foto: canciones y danzas. La jota es una forma de baile típica de esta zona, pero no es un uso que tenga pertinencia en el caso de los bandos pues la utilidad es ornamental y auditiva para captar la atención y de acompañamiento, y no para bailar con la información. Dentro de las canciones, evidentemente, nos encontramos con religiosas y profanas, que es el caso presente. Las canciones tradicionales profanas se engloban en los ciclos vitales, cinco tipos, y el ciclo anual, con cinco tipos más. En las vitales encontramos las canciones de trabajo.

Este tipo de canciones es muy habitual en todas partes, ameniza el momento, reanima los espíritus y acompaña en la labor. Los trabajos incluyen las propias de los oficios, con los que se identifica música-oficio, y las de las labores agrícolas que identifican labor específica con una canción pertinente, esto es, si se trata de la siembra se canta una; si es de la siega, se canta otra. En este mismo grupo están los pregones, o bandos municipales. Así pues, se trata, aunque sea una jota, de una manifestación musical que se ha venido catalogando como canción de trabajo. El estudioso Palacios Garoz llama a esta clasificación de las canciones ‘sistema de catalogación musical melódico’. Y lo opone al rítmico de la catalogación que se lleva a cabo con las danzas.

Es fácil observar que se trata de un ciclo vital porque, como se ve en Trasobares, el bando acompaña a la vida cotidiana. Aunque se puede vincular a las demás manifestaciones de ciclo anual, porque el bando seguro que anuncia todos estos actos, sea el Carnaval, Los Mayos, San Juan, etc. Quizás no la festividad pero sí los acontecimientos colaterales que se lleven a cabo. O también con la canción religiosa que versa sobre acontecimientos religiosos y que el bando anuncia o publicita en las poblaciones que disponen de esto.

Existe otra clasificación más detallada que habla de canciones de trabajo de ‘sector primario’, ‘secundario’ o ‘terciario’. En el primero, se incluyen canciones de trillar, de pastoreo y soledad, de la vendimia, etc.; en el segundo, de costureras, de transportistas, mineros, etc.; y el tercero, de tabernas, de pelar patatas, del cura, del molinero, etc. Esta clasificación o catalogación es de Crivillé i Bargalló. Se trata de una clasificación muy genérica. Este tipo de canciones hacía más llevadera la tarea. En unas composiciones el ritmo es determinante y poseen una vinculación directa texto-música. Las de Trasobares guardan esta vinculación texto-música porque se decide qué música va a ser la de siempre, está determinada más allá de la melodía por el tipo de género musical. En estos casos, el ritmo y el tempo es constante y continuo, y en este tipo de canciones de trabajo queda claramente encuadrado el pregón porque el bando se entona con cierta gracia y no se trata de una expresión meramente lectiva, por si alguien se lo había pensado alguna vez. No se lee, se recita, con música de fondo, antes, y/o después.

Hay otras piezas de ritmo libre, difíciles de sujetar a un compás; son canciones no-estróficas; el discurso melódico no tiene un discurso libre. Son típicas de este grupo las canciones de trillar, de arar; las canciones vinculadas con el sexo (el de los dos, sin hacer distingos prejudiciales, y no es género, pues es de las palabras).

Crivillé i Bargalló encuadraría el pregón (privado u oficial) dentro del sector terciario que se mencionó más arriba. Las fórmulas siguen permaneciendo aunque las cosas vayan cambiando. La música es escasa o hay pocos instrumentos, en este caso es una pieza grabada. Cabe recordar, por la nostalgia y no porque se diese en Trasobares, que había pregones del ciego coplero. El ciego coplero compraba los pregones en una imprenta y en el mercado del pueblo los vendía (caso del Romance del cordel). También hay casos de zapateros que mientras limpiaban cantaban e inventaban sus canciones tipo ‘pregones’ para hacerse propaganda de su buen hacer.

Una de las características de estas músicas y que se pueden adjudicar al bando y su jota, en este caso, es que responden a una estructura arquetípica de recitación aunque ésta sea muy básica. Se utilizan fórmulas o repertorios en los que se aprecia claramente que se hace primar la información del texto que la música en sí o el recitado mismo. Lo que interesa es que el vendedor venda y la gente se entere de que ha venido, y vuelva de nuevo; no tanto que sea bonito y esté bien desarrollado o ideado. No es una música culta y no persigue serlo, pretende ser útil a las gentes en lo que es la jota tradicional que busca su ritmo y su aceptación popular. Los repertorios populares, cuando ya poseen cierto auge y aceptación, se retoman por la música culta y se elevan a música apta para los ‘oídos’. Pero aquí, en los bandos, prima el texto, y la jota puede cortarse en cualquier punto para enunciar el bando sin problema ninguno de infracción de gusto musical.

Quedaba dicho que el pregón era la forma particular y característica que tenían las instituciones de hacer públicos sus acuerdos corporativos o de llevar la información al pueblo porque éste no sabía leer o porque el acto de compraventa iba ser inminente. Los pregones se utilizaban incluso para notificaciones de los juzgados. Generalmente, se gritaban los bandos o se voceaban, como se llama en esta zona zaragozana, después de llamar la atención con una corneta en medio de una lugar público y céntrico. En otros lugares se utilizan campanas de mano o megáfonos. A esto se centraba el pregón oficial.

Pero como se ha visto en los bandos ordinarios, existen pregones publicitarios que tenían su origen en el anuncio o pregón publicitario para vender. Lo importante era ser sugerente y requerían de la inventiva del vendedor o del alguacil. Unos bandos y otros, con sus letras o melodías, llamaron la atención de compositores musicales cultos, como ocurrió con villancicos o con romances populares que se fueron llevado a la literatura de la mano de poetas y plumas de reconocido prestigio, y los incluyeron en algunas de sus obras.

En su origen, la publicidad no era para los ricos, sino para los vendedores y los pregones municipales. Este concepto fue cambiando al aparecer la publicidad impresa. Alvaro Ritana fue un autor reconocido por la elaboración de sus textos para los pregones. De la imprenta se llevó la publicidad a la radio y de ésta a la televisión y ahora se retroalimenta todo y llegamos a Internet para hablar de los bandos publicitarios. La importancia de la música en todos los soportes y aspectos nunca ha dejado de acompañar en un jingle, en una sintonía, o en un anuncio o careta de programa para identificar qué nos están vendiendo. Y no se pueden olvidar, aunque sean lejanas, las raíces de las cosas aunque no guste el tono rural que desprenden.

Este tradicionalismo se aprecia en Trasobares cuando no se atiende a obras remodeladas a la nueva usanza; se busca mantener una costumbre. El yo colectivo de la población es estable y compartido plenamente, pese a tener un concejal del PP y cuatro del PSOE se entienden todos perfectamente. La nostalgia no te lleva a lugares inextricables sino a lugares recientes que aún tienen música propia. La gente es conocida en el lugar y por la casa de al que procede. Existen implicaturas lingüísticas de la letra de los bandos y también musicales de las piezas que se utilizan para amenizar y captar la llamada sobre lo que se va a anunciar.

La música y la letra de los bandos nos habla del pueblo, éste mensaje implícito debe desentrañarlo quien reside allí o quien quiera saber de ello. El hecho de escoger unas jotas y no otras nos dicen algo del tradicionalismo del pueblo y de su devoción por su la Virgen del Capítulo. Se deduce un respeto, el respeto que se le tiene a la Virgen, al pregonero, quien escoge la música, etc.

En torno a este aspecto se pueden rescatar ideas de la obra de Alan Merriam, The Anthropology of Music, y se puede apreciar que lo inicial en todo acercamiento musical es saber o entrever qué concepto tienen los lugareños sobre música, lo que es. Todo pueblo y todo lugar tiene unos conceptos que estructurar toda la música. Es adecuado concebir qué entienden en cada lugar por música y el comportamiento que se deriva de su asimilación. Para la gente del pueblo, música y jota son entes elevados y loables porque no se ejecutan jotas de picardías y sí a menudo de la patrona, de la familia (en el sentido real), de la dignidad de la muerte, etc. Se trata de jotas solemnes, elevadas, algo así como cultas o elaboradas en un sentido del decoro musical. No se incluyen divertimentos, ni picardías, ni locura festiva. La concepción de la música es elevada y de un uso apropiado para cada momento.

Queda muy clara la distinción que el pueblo hace de lo que es ruido y lo que es música. Además, la música tradicional y elevada es la de consideración con la finalidad de llamar la atención, en las fiestas del pueblo, y a medianoche ya se hará ‘el baile del caracol’ o la ‘rumba de Baco’ embriagado; pero la vida diurna se ocupa del precepto y decoro pertinentes. Pese a existir jotas en muchos lugares, incluso en Castilla, la jota es un identificador de la comunidad en sentido amplio, de Aragón, más allá te la próxima comarca.

El reflejo de muchos de los acontecimientos musicales que se estudian de épocas pasadas requiere, pese a que existía un relativo menosprecio entre los historiadores hacia la prenda o este tipo de fuentes, de la investigación fundamental del soporte impreso de los avisos, de las noticias de época, de costumbres, etc. Hoy, en la relación de la investigación de lo tradicional se está estrechando de mejor forma la relación ente prensa y estudios costumbristas, casticistas, musicológicos o etnomusicológicos gracias a las mejoras en las técnicas para un más fácil estudio. Se optimiza el tiempo gracias a la microfilmación de datos, a la digitalización de los soportes impresos que hacen viable Internet y buenas y considerables bases de datos y corpus de, en este caso, bandos, músicas, perfiles de los pregoneros o alguaciles, etc.

Otra de las características que se pueden buscar en la música se puede ver en el pueblo y en los oyentes, en la respuesta que éstos manifiestan. Existen cuatro reacciones ante la percepción de al música y del bando pertinente. Una de ellas es la cuestión físicas de la música. Seguramente, hace bastantes años, la música la llevaba el alguacil de un lado a otro, Félix empezó así con su trabajo hace 14 años. Otros todavía se mueven de un lado al otro del pueblo todavía con la corneta, con una trompeta o con pequeñas campanas de mano. De este modo gritaban o voceaban para captar la atención con la línea básica cadencial de tónica-dominante-tónica. La respuesta a este comportamiento del emisor conlleva una respuesta del interlocutor general, el pueblo, y no es más que prestar atención a aquello que se dice. Ahora, las ‘nuevas’ tecnologías han llevado el megáfono o los altavoces a las arcadas del campanario.

Otro de los comportamientos que se puede constatar es el verbal, el de la respuesta de la gente. Seguro que todo el mundo comentaría el suceso en el caso de que el alguacil modificase una de las jotas tradicionales y en su lugar colocase una de picardías, o que se equivocase y sonase una inesperada. Si se entrevista a un transeúnte puedes no captar la verdadera respuesta, y es con el testimonio de los residentes con el que te das cuenta in situ, más allá de la impersonalidad de un bando escrito, de cómo reacciona la gente. En cuanto escuchan ‘el de Morata’ o una jota ‘errónea’, no vacilan en llamar a la vecina o bien para informarle de que llega uno o de que ha sucedido algo extraño en la pieza de encabezamiento. El comportamiento comunicativo dice mucho de lo que sucede con los bandos o con la consideración verdadera que se tiene sobre la música de acompañamiento.

En el momento de llegar a un lugar completamente nuevo, la teoría de Descartes, René para los amigos, era la simple ley de: ‘Allá donde fueres, haz lo que vieres’. Si se llega nuevo a una pobladura, posiblemente no sepas qué significa ese tipo de música para el pueblo. Se aprende sobre ello con el comportamiento verbal y físico de la gente y así se puede apreciar la relevancia, la trascendencia y la importancia que puede llegar a tener. Es triste que este procedimiento sólo se aplique de forma sesgada en nuestra sociedad, donde los que llegan como intrusos parecen menospreciar lo que les ofrece el lugar que les da acogida. Muchos de los que vienen de fuera no se preocupan de ‘hacer lo que vieren y pretenden superponer su costumbre e imponerla como derecho de no se sabe dónde fundamentado’. En los pueblos, todavía se mantiene cierto respeto e interés por saber del funcionamiento y consideraciones respetuosas que se le ha de dar a la gente del pueblo.

Cuando aparece un extraño viajante, se le mira de una manera diferente; quien no comprende la música o no posee el mismo tono de voz ni de entonación (la de mañico), es quien viene de fuera y es un extraño. El esfuerzo ha de ser por parte de éste para entenderlos a ellos, a los del pueblo, quienes no han hecho nada para obligarte a ir hasta allí con tu pasaje imaginativo de la gran ciudad donde todo es ruido a comparar. No se puede compara; la lectura debe ser absoluta. Si se observa a los propios vecinos se puede comprender la valoración que se le confiere a los bandos y a al música y a la Virgen, a la familia, etc. Seguramente, la Virgen es más que sagrada, es parte constitutiva del lugar.

También se puede averiguar algunas cosas sobre el comportamiento social, como tercer comportamiento. Como se destacó más arriba, el músico o pregonero, o el alguacil tiene una imagen social muy reconocida dentro de su comunidad. Éste vela por la información del pueblo, por que la gente sepa a su debido tiempo cuándo se pasa a cobrar el recibo del agua, se preocupa de avisar de los cortes, etc. Según la teoría lingüística, o pragmática, de la cortesía, de G. Leech, hay una pugna entre el principio de cooperación en la información entre personas y el quedar bien y mantener la buena imagen social y las relaciones, aunque se incumplan las máximas de la conversación. El estatus del alguacil no marca ninguna descortesía si informa de una manera o si reclama de otra. Tiene éste un estatus de consideración que le permite comunicarse de una manera y con una música que dignifica el procedimiento de información y de las peticiones que lleva a cabo.

La cortesía está presente y la cooperación también en todos los comunicados. No es necesario entrar en una teoría de la relevancia para tratar de estudiar implicaturas de los bandos, ya que estos son muy claros y no ofenden a nadie y todo se lleva a cabo con música en el entorno contextual. La última cuestión, la cuarta, es la del procedimiento de la herencia. Se apuntó más arriba que posiblemente los oficios se heredaban de padres a hijos, como en el caso de la tienda o de la panadería. El aprendizaje del oficio de alguacil hoy debe imponerse casi por mandato en las poblaciones pequeñas; muy poca gente tiene la tendencia natural para hacerlo. Si se llega a desempeñar esta labor se hace sin duda por una vocación en pos de la comunidad. Algún tinte tendrá el sentido del color con el que se pinte el Ayuntamiento, pero seguro que no hay muchos opositores para hacerse con el cargo. De todos modos, la mejor manera de aprender el trabajo es hacerlo a través de las pautas tradicionales también. En origen, se heredaba por inculturización en las tradiciones orales, y era el hecho de que todo hijo estaba investido con el cargo del padre por el solo hecho de la sangre que los unía, y sólo por el nacimiento, y de por vida.

Lo que primero se tiene que conseguir es concebir el oficio como la socialización de un proceso; hay que observar a los demás, en este caso al alguacil, o si fuese un músico tradicional, observar como tañe el instrumento. Primero se aprende observando qué hace el maestro, qué hace el alguacil y cómo lo hace. Se observa su repicar de campanas, su manera de entonar, las jotas que elige, etc. Se tiene en cuenta lo más precisamente posible la frecuencia de repique, de reposición de jotas, la forma de entonar, esto es, imitar. Integrarse en el proceso social es esto, en tomar buena nota y no en que te enseñen.

El segundo paso es el de la instrucción: se trata de ir con el maestro, ver la importancia que tiene como figura social dentro del pueblo y adivinar las confidencias que puede establecer el nuevo aprendiz con el foro o público congregado o auditorio. Finalmente, aunque no se dé todo el proceso hasta aquí descrito de inculturización, imitación y aprendizaje, se acaba con la sustitución y la llegada de un nuevo profesional, a quien nadie le discute su lugar.

La música dice mucho más de lo que se concibe como música como sucesión de sonidos en el tiempo organizados rítmicamente, con su melodía y armonía.

La longitud del pasaje puede no interesar, pero los que deben opinar sobre ello es a quienes sí. Las gentes de Trasobares y allegados aquí interesan, Cancún, no.

REDACCIÓN

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: