Pormenores de los bandos oficiales de Trasobares

Los bandos extraordinarios responden a ocasiones de gran interés comunitario



Los bandos extraordinarios se realizan de forma más puntual y no responden a una repetición semanal ni mucho menos, quizás anualmente o con ocasión de hechos de relevancia. Lo anunciado puede ser un acto próximo en el tiempo o un hecho de gran envergadura como las fiestas del pueblo y se van anunciando para apuntarse a diversas cenas, apuntarse para trabajar en el festejo o para desempeñar funciones variadas; el trabajo es comunitario y el interés es más municipal que publicitario.

Este tipo de bandos son los oficiales, o pregón oficial. Se informa o publicita sobre cuestiones institucionales o comunitarias con gran implicación pública. En su origen, este tipo de bandos también se formalizó porque los acuerdos o anuncios municipales no podían llegar en carta o circular a las puertas o buzones de la gente, pues no todos sabían leer. Esto se sigue conservando tras el buen uso y rendimiento que de esta actividad se extrae.

Ya quedaba dicho que hay comerciantes que venden sus productos sin anunciarse con bandos. Su regularidad británica es lo que los hace reconocibles, y además de los afiladores, los butaneros, o repartidor del butano, es otro prototipo de repartidor fijo que ya no requiere de bandos. Su paso por el pueblo es más que sabido y ocurre en muchos puntos de la geografía española. En lugares donde no hay panaderías o es viable el reparto del pan, tampoco se anuncian pues trabajan con la regularidad. Esto se contrapone con los bandos extraordinarios en forma de extremos opuestos.

En ocasiones, hay poblaciones que no disponen de bandos musicados para estos menesteres y trabajan con un casete y música de fondo mientras se avisa y se llama la atención de forma más anárquica en la regularidad, es más habitual en vendedores ambulantes que funcionan según su disponibilidad y recursos. Pasean por las poblaciones y llaman la atención desde su furgoneta y repiten los mensajes que intentan no dejar indiferentes: ‘Batas de botones y de cordar; batas de botones y de cordar’. Y la repetición es fundamental en todos los bandos.

Del mismo modo que los bandos ordinarios se dirigen más a gente mayor, pues es la gente mayor el cliente potencial, también los bandos extraordinarios se dirigen a informar a la gente habitual del pueblo para que esté al tanto de lo que va a ocurrir próximamente en el pueblo. Se destinan a ellos los productos para vender: ‘chanclas de caballero y chanclas de niño; chanclas de caballero y chanclas de niño’. Aunque se apele a ‘niños’ ya se dijo que hay pocos, pero siempre las abuelas y gente mayor, en estos casos, es la que puede comprar algo para el nieto cuando viene.

Lo que se ha dicho hasta ahora responde a que sea fin de semana o sea en fechas de vacaciones o festividades, los bandos ordinarios como los extraordinarios van dirigidos a la gente del pueblo pese a que en diferentes épocas del año o de la semana la población aumenta. Los residentes ocasionales se enteran de los bandos por el uso que se les da para los residentes habituales, y en verano los extraordinarios surgen más efecto en el llamamiento por la cantidad de personas que los oyen y no por que sean más efectivos. La gente joven no es el cliente ni remoto para los artículos como: ‘fajas XXL’. Son para la gente mayor, los que residen.

A través de los bandos extraordinarios te das cuenta de la vida que tiene el pueblo. El bar la Plaza no es un bar cualquiera: es el bar de la tercera edad. No hay tiendas, y no las necesitan pues reciben vendedores de todo tipo de productos; pero el pueblo para no morir, sí que necesita unos servicios fundamentales y unas infraestructuras adecuadas para la variedad de situaciones de la vida moderna: si vive gente mayor, el bar es el bar e ‘la tercera edad’, como tiene que ser.

Los bandos extraordinarios son mucho más municipales y se aprecia en el sentido de los mismos. Se anuncias acontecimientos de fiestas, como la fiesta mayor, porque interesa a los residentes y a todos; es un pueblo donde todo el mundo se conoce y todo el mundo participa. La gente es llamada para apuntarse a los actos en el bar para poder llevar la cuenta de la asistencia, no sólo de los residente sino de familiares de fin se semana, de visitantes ocasionales, del hijo que regresa, etc. Se calcula y pronostica para que todos los turistas o visitantes estén atendidos y puedan participar. Así se optimizan los recursos que no pueden contar con los transeúntes ni viajeros ocasionales porque el recorrido tiene poco de ocasional.

Este tipo de bandos más municipales o extraordinarios, también gestiona las fiestas hasta el punto de anunciar: ‘Atención, atención. Quien quiera trabajar de camarero durante la fiestas en la barra del pabellón, que se ponga en contacto con el Mariano Solanas. Repito…” Y el bando se repite, como es característico del género. El pabellón es otro de los servicios que entretiene al pueblo, actividades deportivas y actividades comunitarias lo rentabilizan de buena manera. El pabellón se llena completamente en los actos, comidas o cenas que se llevan a cabo en verano, cuando más gente hay, o cuando se reúne la Asociación de Mujeres, que según María José, puede congregar en ocasiones a 500 mujeres de la comarca.

Otra prueba de comunidad y de fraternidad es cuando la limpieza del pabellón y calles colindantes o aparcamiento, corre a cargo del voluntariado de los participantes, organizadores y gentes altruistas. Existen bandos extraordinarios que solicitan de estos servicios: ‘Atención, atención. Si hay alguna persona interesada en limpiar las calles del pueblo que acuda el viernes al Ayuntamiento’ (hecho que sucede tras una de las celebraciones comunitarias del pueblo). En un sentido pragmático lingüístico, según las teorías de Grice, filósofo del lenguaje algo escéptico, la información de estos bandos incumpliría la máxima de cantidad (de información); pero lo que no contemplaba este analista es que la gente ya sabe más cosas de las que el interlocutor extranjero presupone. La información es más que suficiente para la gente del pueblo, que es para quien van destinados los bandos.

Así pues, el principio de cooperación de Grice y sus máximas mal especificadas, se cumplen perfectamente en un sentido verdaderamente lingüístico; se cumplen para los lugareños. En otros bandos extraordinarios también se ve cómo la información para los que saben de qué se habla y para lo que tienen un paisaje común o un imaginario análogo. En uno de estos se apela a que: ‘Atención, atención. Quien haya encontrado una pulsera que la manifieste…’ En un lugar donde se puede solicitar esto la información minimalista de los bandos cumple todas las máximas comunicativas.

Otro caso particular, extraordinario, es el médico. Cuando se produce un cambio en su hora de visita habitual, éste se notifica con un bando oficial. Cuando se anuncia el médico o el cambio no se dice el lugar, pues todo el mundo lo sabe; la máxima sigue cumplida. Otra información que no se dice pero que está en la información que se da es que el pueblo dispone de dispensario, pues no va a atender en la calle o en una furgoneta.

La gente de estos pueblos forma un grupo humano ejemplar, nos recuerda todo aquello que se ha ido perdiendo en otros lugares; nos muestran aquello en lo que nos estamos convirtiendo. La gente, en Navidad, se esconde en las ciudades cuando están solos en casa y llegan a la oficina seguidamente y cuentan que ‘han sido unas fiestas en familia, bla, bla, bla, ya se sabe como son, que cuando te casas, ja, ja, jajajaja… que pesados son…’; la gente se esconde cuando no encuentras la identidad en la ciudad y se encuentras completamente sola en el preciso centro, en medio de miles de personas que caminan y deambulan por las calles de la urbe; la gente busca en agosto, en las vacaciones, porque piensa que es exótico recordar los pueblos, pero no hay nada más maravilloso que vivir el presente como su fuese un auténtico recuerdo permanentemente.

En Trasobares avisan personalmente sobre hechos que tendrán lugar en un entorno inmediato y que afectarán directamente a la comunidad. Se avisa incluso que se va a cortar el agua en breves momentos, para que te aprovisiones de lo que vayas a necesitar; se avisa que el autobús cambia de horario, y aunque no estés o no te enteres, te avisa el vecino: existen vecinos que son seres humanos, biológicamente superiores a un canario o a un roedor de adorno (no se incluyen perros en la enumeración porque llevan mucho trabajo y después se abandonan) y con estos vecinos puede entablar sobre más temas que el clásico del tiempo de los ascensores.

La vida en las ciudades es anónima y es el mejor lugar para llenar de gente que no sabe dónde ir a abandonarse; no sabe qué hacer, dónde ira a ver espectáculos auténticos, ni dónde están las piscinas, no una verdadera agrupación donde emplazarse; sin embargo, cree que está mejor porque es anónimo y así desde el pueblo no lo podrán observar en todos sus movimientos diarios: en los pueblos, todo el mundo sabe interpretar los bandos y también sabe interpretar todos tus actos quinésica y proxémicamente (ciencia que estudia los movimientos del cuerpo y la comunicación no verbal).

En los pueblos, se sabe la identidad que uno tiene y cuando se desaparece lo saben los demás, que te has ido, un bando lo anunciará. La mejor esquela es la que se oye de viva voz, o de la lengua viva.

REDACCIÓN

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