Un pequeño apunte musical de la palabra ‘Adiós’
Musicalmente, extraemos la característica más veces oída sobre Mozart: la sencillez. No puede más que apreciarse el sobrecogedor aspecto de sencillez en la espectacular contención de las voces femeninas de Soprano y Mezzosoprano que sin necesidad de saltos de octava ni de trabajar artificiosos ejercicios de voz, se ejercitan en arrastrar las almas de sus amados hacia un pequeño y contenido crescendo que eleva la melodía a una inflexión muy bien medida y contenida que podrías estar oyendo durante horas, aún días, y no agotar el oído de nadie.
De hecho, desde la terraza de cualquier casa podría estar sonando en estos momentos y competir mes y medio con los villancicos acordes.
La textura de las voces agudas está sustentada con la gravedad de los amantes quienes certifican del mismo modo las promesas de fidelidad con el contenido de éstas mismas. Es el tono de Don Alfonso el que corta la seriedad de la tonalidad de las parejas de contenidos amantes en momentos tan tristes de despedida.
La despedida de ellos se lleva a cabo individualmente, cada uno se despide en un solo; pero son ellas las que se despiden a dúo, cantan su adiós a la par como todo hasta su distanciamiento individual del cuadro nº 22. Y es Don Alfonso quien rompe los pasajes homofónicos que casi templan el policoralismo veneciano o la polifonía primitiva en cantos gregorianos que obnubilaban las almas de los congregados y conducían a lugares remotos de mundos imaginarios sólo reales para oyentes.
Y desde aquella misma terraza se podría estar viendo cómo se congrega una pequeña multitud de esos oyentes ávidos de buena música y de sensaciones bellas en la sencillez de las formas. Son altas horas de la noche y nadie llama al cese de la música turbadora que embriaga sin dañar. Los oídos prostituidos se pueden depurar como los pulmones de ex fumadores; lleva tiempo, pero fenecer también y todos llegamos a ello a pesar de quien nos quiera u odie.
La base instrumental acompaña la melodía sin ocultar nada de ésta. La cuerda lleva la agilidad del momento para evitar caídas y pesadumbre de lo estático del cuadro; el metal, muy abajo y grave, sustenta la majestuosidad del acto de fidelidad y de lealtad más poderosos que se pueda auto-imponer un ser con valores y voluntad; pese a tentar con la obra la posición encontrada. Se balancea la sonoridad entre el vaivén del oleaje del partir y el del sonido grave envolvente instrumental, amén de las voces de ellas al inicio del cuadro nº 15.
Un apunte final
El dato final para apreciar a Da Ponte o Mozart como observadores de la genuinidad española se acerca a la obra de Miguel de Cervantes Saavedra, concretamente su primera novela El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha[1]. Dentro de esta novela aparece intercalada la novela de “El curioso impertinente”. La temática de esta pieza es la misma, o del rango, que se está tratando en Cosí fan tutte. El curioso impertinente es un amante que idealiza a su amada y la quiere poner a prueba en su fidelidad. A tan dura prueba la somete que no puede dejar de sucumbir; eso sí, mediante el engaño y la confusión que se origina con la trama y la intriga del amigo.
La superación de Da Ponte es porque hace intervenir a ‘sometedor’ e intrigante a la misma prueba cada uno: Ferrando y Guglielmo ponen a prueba e intentan intrigar y someter a la respectiva de su amigo. Además, el autor del libreto, medie Mozart o no, supera la novela intercalada de Cervantes con la simple letra de la lengua escrita. Mediado Mozart, la música rebasa y rebosa por doquier se pretenda considerar el antecedente o parangón entre ambas historias.
“Y sigo mirando la calle y la multitud no ceja en disfrutar del canto de los ángeles de voces sencillas y placenteras que acompañan el son pausado del hálito de la vida, del pálpito instrumental, del latir de un corazón al decir adiós”.
Breve comentario de un cuadro, por juliopremsamusica
(Sección en construcción)
REDACCIÓN OVIEDO














No puedo más que admirar tal análisis de este cuadro que Mozart representa de tan bella manera. Creo que a este ‘adiós’ se le podrían añadir muchos otros que ocupan la literatura como por ejemplo el que Pedro Salinas refleja en el poema titulado “¿Serás, amor…” y que concluye con estos versos:
Y la separación no es el momento
cuando brazos, o voces,
se despiden con señas materiales.
Es de antes, de después.
Si se estrechan las manos, si se abraza,
nunca es para apartarse,
es porque el alma ciegamente siente
que la forma posible de estar juntos
es una despedida larga, clara
y que lo más seguro es el adiós.
(Estos versos van dedicados con gran tristeza al redactor de Oviedo.)